ESTE domingo se cumplieron 30 años de las primeras elecciones municipales celebradas en España una vez fallecido el dictador. Con ellas los ayuntamientos abrieron sus puertas, dejaron salir el polvo y el olor a rancio y recibieron con mucha ilusión a hombres y mujeres llenos de ideas que deseaban, ante todo, lo mejor para su ciudad.
Han pasado muchos años pero todavía tengo retenidos en mi memoria momentos de nuestra historia local que siempre me he alegrado de no habérmelos perdido. Asuntos como el interminable debate en el pleno municipal para aprobar la licencia a Puerto Sherry; el espectáculo ofrecido durante la moción de censura del PP y PSOE para desbancar al PCE del sillón; las manifestaciones defendiendo la apertura de Frontela y el desdoble de la Nacional IV y la aprobación del primer PGOU. El salón de plenos del Ayuntamiento ha dado para mucho, igual que todos los colectivos y asociaciones que fueron surgiendo a medida que le fuimos cogiendo el gusto y el tranquillo a la vida en libertad y democracia.
Sin embargo, hoy en esta columna deseo recordar a todos los alcaldes que nuestra ciudad ha tenido durante el periodo democrático, porque creo que cada uno de ellos, junto a sus equipos, puso su granito de arena en el desarrollo de El Puerto. En el primer momento ahí estuvo mi querido Antonio Álvarez, que con pocas palabras dio grandes lecciones de democracia. Le siguió Rafael Gómez Ojeda, que aunque aterrizó a trompicones, siempre estuvo a la altura de las circunstancias. Juan Manuel Torres fue nuestro tercer regidor y durante su mandato fue, especialmente, un hombre tranquilo que dio los primeros pasos hacia la gestión municipal que hoy conocemos. Hernán Díaz Cortés llegó en cuarta posición y con la fuerza de un huracán. Ese ímpetu le permitió ganar cuatro elecciones, lo nunca visto, y la segunda con una mayoría absoluta impresionante que al final le condujo a tener que salir por la puerta de atrás. El quinto fue Fernando Gago que con sólo diez meses en el cargo supo devolver a la institución municipal los buenos modos perdidos. Y en el sexto lugar tenemos a Enrique Moresco El Inesperado, al que deseamos lo mejor y del que -valga la redundancia- esperamos mucho. Más que nada porque la ciudad se lo merece.Pipi Gago

